sábado, 22 de octubre de 2016

DIEZ AÑOS APRENDIENDO A CONVIVIR CONTIGO

           Tal vez por ser largo nadie lea estas líneas.
Tal vez por escribir sobre algo que la gente siempre aparta la vista, no lo acaben leyendo.
Tal vez algunos dirán que no era necesario escribir esto.
Pero, tal vez, para mí, sí era necesario compartirlo.

 

Noviembre de 2006.

Llevaba un mes perdiendo peso de forma inesperada, llorando a cada momento y nada me hacía feliz repentinamente. Empecé a sentir presión en el pecho y a faltarme el aire.

No comía todo lo que debería, no por verme entrada en kilos, sino porque no me entraba nada en el estómago de los nervios.

Era feliz, soñadora y alegre, pero nada ya me hacía feliz.

           No sabía qué me pasaba. Incluso al trabajo iba llorando y atendía a mis clientes entre lágrimas y sofocos.

Empecé a encerrarme en casa más de lo normal y la cama era mi mejor compañera. Pasé a no saber escuchar a los que más me querían, me sumía en mis propios pensamientos y pasé a ser una chica llena de miedos e inseguridades.

Mi madre, preocupada, me llevó al médico. Nadie sabía lo que tenía, incluso yo no entendía qué me pasaba.

Y un día de noviembre, mi doctora me diagnosticó “depresión”.

-¿Depresión? - me pregunté encogiéndome de hombros mientras miraba a mi madre con los ojos abiertos como platos.

¿Qué era eso? Nunca había visto a alguien con depresión, era muy joven y nunca había sido consciente de todo lo que implicaba esta dolencia. Además, “depresión” no sonaba nada bien, era como estar mal de la cabeza, como no tener conciencia de la realidad. Asistir a un psicólogo o psiquiatra sonaba a“estar loco”y yo no me sentía así. Me abrumaba la situación.

Después de mandarme el tratamiento para la depresión, volví a casa pensativa, aunque aliviada de saber lo que padecía, pero preguntándome por qué me había tocado a mí. Por lo que repasé mentalmente los últimos meses de mi vida y, aunque era cierto que habían ido algunas cosas mal, no creía que fuera para tanto.

Reconozco que al principio no tomaba los antidepresivos porque me negaba a reconocer que necesitaba de unas pastillas para mejorar mi estado de ánimo, así que probé infinidad de remedios naturales para ayudarme, pero cada día fui empeorando, como si por momentos estuviera cayendo al vacío. Así que tuve que aceptar que tenía un problema y empecé a tomar las pastillas un mes después de que se me diagnosticara esta dolencia. No fue fácil, pero creo que reconocerlo fue el primer paso.

Al principio no hablaba sobre ello, sentía que era un estigma que me había tocado cargar, tenía vergüenza de reconocer que tenía depresión, no podría explicar por qué, pero sobre todo tenía miedo de que la sociedad me etiquetara y me diera de lado, como a algunas personas que empecé a conocer con el mismo problema y se sentían solas porque la gente se iba alejando poco a poco, tal vez por no entender o porque ayudar en exceso cuesta y no todo el mundo está preparado para ello.

Seguía perdiendo peso de forma incontrolada y me pesaban cada semana para descartar que tuviera trastornos alimenticios.

Aun así, yo seguía con mi vida normal. Iba al trabajo como podía, salía con mis amistades como podía y todo lo hacía como podía. Hasta que poco a poco fui haciendo menos de lo que podía.

Perdí mi trabajo, las amistades se alejaron y la negatividad empezó a atraer, como se suele decir, mala suerte.

Los tres años posteriores de mi vida fueron como un ovillo de lana, enredándose cada vez más.

Las relaciones sentimentales no funcionaban, los amigos se contaban cada vez menos y empecé a sentir ese vacío que al principio no quería. Escuchar acabó siendo algo costoso. Incluso para mí hablar, también.

Entré en un periodo de enfado, porque no comprendía nada y también llegó el momento de estar todo el día en la cama y el pijama a ser una segunda piel. En esos momentos sólo escuchaba de fondo la voz de mi madre que se preocupaba de que comiera, porque hasta eso ya carecía de sentido para mí.  Ella… que nunca tiró la toalla y sabía que lo superaría.

Empezaron las culpas, hacia una misma y hacia los demás. Llegó un momento en el que llegué a pensar que todo era culpa de otras personas y sentía frustración. También llegaron las preguntas sin respuestas. Llegaron los días en el que levantarme de la cama suponía el mayor esfuerzo de mi vida y que sólo hacerlo era un gran triunfo.

El dinero dejó de tener valor y las cosas materiales. Trabajar pasó a un segundo plano porque como no podía levantarme pues no podía ir a buscar trabajo. Incluso, a veces, que rompieran el silencio era molesto.

Pero a mi madre siempre la escuchaba de fondo. Era como el canto de un ruiseñor cada mañana.

Así durante tres años. Tres años donde para colmo tuve que escuchar que no trabajaba porque era vaga, que no me esforzaba en salir de la depresión porque no me daba la gana, que todo era cuentitis, que me tenían mimada o que no quedaba con la gente porque ponía excusas… y nadie se paró a pensar que me había perdido dentro de mí misma, resultó más fácil juzgar que ayudar.

El tiempo empezó a carecer de sentido, las horas pasaban y los días se conviertían en semanas, meses y años. Todo se vuelve lento y te preguntas para qué vives.

            Gracias a la ayuda de los que nunca me dejaron, intenté volver a trabajar, más que nada para demostrar que no era una vaga, pero no lograba terminar la semana de trabajo, empecé a sentir pánico a los sitios con mucha gente, a no saber canalizar el estrés y el trabajo también empezó a ser un problema para mí, un problema que llevaba en silencio porque sabía que nadie iba a comprender. Así me llevé mucho tiempo llorando por este motivo y tuve miedo a trabajar por temor a no aguantar, para mí empezó a ser un fracaso personal muy importante.

            Antes de empezar con la depresión cantaba e incluso componía algunas canciones, pero mi voz enmudeció. Por lo que empecé a escribir poemas, en secreto, para desahogarme y expresar mis sentimientos. Así fue como pluma y papel empezaron a ser mis mejores amigos y los libros mis mejores acompañantes de cabecera cada noche.

            Durante este tiempo el teatro también me ayudó mucho a mantenerme animada y en contacto con el mundo, también me ayudó a tener mi mente en activo.

           

Junio de 2009.

El año 2009  fue decisivo para mí, gracias a la ayuda de mi madre, de mi pareja actual, de los que aún quedaban a mi lado y las nuevas amistades que fueron llegando, saqué fuerzas de voluntad y tomé la decisión más importante de mi vida: salir de la depresión.

No fue un camino fácil, pero reconocer que la depresión era una enfermedad como otra cualquiera del mundo y que no por ello tenía que sentirme excluida, me ayudó mucho a recuperar el hilo de mi vida. Por lo que empecé a hablar abiertamente sobre el tema, dándome cuenta de que la gente tenía muchos más prejuicios que yo al escuchar que tenía depresión, me decían que no lo fuera contando por ahí, que me iba a perjudicar para encontrar trabajo, etc. Pero eso dejó de importarme, ¡me hacía más fuerte! Empecé a solidarizarme con esas personas con el mismo problema que yo que habían quedado mudos/as porque se sentían excluidos por una sociedad que no les habían dado la oportunidad de expresar sus sentimientos, porque al fin y al cabo son sentimientos que no se saben expresar y que a veces se pierde la llave del diario donde una vez se escribieron tantas cosas y por ese motivo se necesita ayuda.

Entonces decidí romper tabúes, porque una persona con este problema, con el oficio adecuado, puede desempeñar su trabajo como cualquier otra persona, puede llevar una casa adelante, tener hijos y criarlos dándoles una buena educación, puede viajar, vivir la vida a pesar de sus días nublados, puede reír, contar chistes. También llora desconsoladamente sintiendo el peso del mundo a sus espaldas, pero al día siguiente puede pintarse los labios de rojo, ponerse unos buenos tacones y salir a la calle con su mejor sonrisa, o si es hombre, peinarse, echarse su mejor colonia y su cazadora favorita.

Empecé a darme cuenta de varias cosas que me parecían absurdas, como que la gente asociaba “depresión” con no tener derecho a divertirse. Si una persona con esta enfermedad sale a tomar un café (porque a lo mejor su médico se lo dice y no lo está haciendo por voluntad propia) ya es criticado y cuestionado ¿por qué? si precisamente la depresión pide calle.

La gente piensa que si una persona tiene depresión, no puede salir de vacaciones, tiene que estar en cama con el pijama llorando desconsoladamente. La gente cree que si quedas con ella hablarás constantemente de las negatividades de tu vida y se aparta porque no dan la oportunidad de escuchar y comprender que hay muchos grados de depresión y que cada persona es única e irrepetible y que tras las lágrimas se esconden personas maravillosas, creativas, con talento, con negocios y con historias de lucha que no les permitieron ser débiles hasta que su “cortocircuito” no se lo permitió más. Puede haber personas que en la calle sean las más felices, que se vean sin problemas, pero al llegar a casa se hunden por completo y mil barbaridades pasen por su cabeza.

Empezó a joderme actitudes, comparaciones y comentarios de personas que en lugar de usarte como ejemplo de superación, usaban esas debilidades para humillar a la persona que era comparada. Lo único que no sabían es que precisamente ¡eso me hacía más fuerte!

 
Noviembre de 2016.

A pesar de mis altibajos, que los tengo, tengo una vida totalmente normal. Hace 10 años nadie apostaba por mí, o eso me hacían sentir algunas personas, pero hoy puedo decir que por mis santos ovarios he conseguido salir de la oscuridad y no le debo nada a nadie.  

He conseguido rodearme de la gente correcta, que me entiende, me respeta, no me piden explicaciones cuando tengo días grises y sobre todo que me quieren tal y como soy. Esto me llevó mucho tiempo, no fue nada fácil, pero mereció la pena. Creo que estar rodeado de las personas adecuadas es súper importante, hacen que la mejoría sea una realidad. No sirve de nada estar con personas que recuerden cada día lo que haces mal porque simplemente ¡no puedes hacerlo! o te hagan sentir un/a inútil en lugar de reforzar todo lo que haces bien y ayudarte a ser mejor persona. Y algo que debe saber la gente es que la paciencia y la empatía es el mejor aliado para comprender y entender.

También cuando empecé con la depresión pensé que después de unos meses de tratamiento se curaría, pero después de diez años me doy cuenta que realmente no tiene cura, aunque sí mejoría, y se tiene que aprender a convivir con ello. Empieza a ser parte de tu persona.

Mi experiencia es que la mejoría existe y, aunque nos resulte difícil de entender a los depresivos, es que está exclusivamente en nuestra mente, está en nuestra verdadera fuerza de voluntad, está en tener pasión por las cosas y luchar por ellas. No hay que tener vergüenza de equivocarse, de caerse, de cometer errores, ya que nadie es perfecto. Es difícil entender que si nosotros queremos ¡podemos!, pero cuando se comprende, realmente se consigue. No tenemos que sentir vergüenza de tener depresión, debemos ser fuertes, sentirnos orgullosos y pasar de las personas. Sólo nosotros sabemos la energía que gastamos para acabar el día y el esfuerzo que hemos empleado para conseguir nuestros objetivos, por muy pequeños que sean. Volcarnos en aquellas cosas y/o aficiones que nos hacen felices y proponerse que cada lágrima será una menos cada día, nos ayudará a sentirnos mejor. Comprender que forma parte de nuestra vida y que eso no nos impide trabajar, ni a educar, ni a llevar una vida como cualquier otra, también nos hará sentir mejor con nosotros mismos.

Estoy muy orgullosa de mí, porque a pesar de cargar con la depre, he conseguido superarme, he conseguido volver a trabajar (incluso en el extranjero), tener una vida en pareja normal y echar para adelante mi vida y mi casa, a pesar de los días grises. Hago lo que me gusta y escribo, bien o mal, pero me hace sentir feliz.

Por eso, diez años después, he querido compartir pinceladas de mi historia. No gano nada con esto, pero quiero dedicárselo a aquellas personas que aún se sienten atadas a sus palabras, que no les dan voz para hablar, que se sienten solas e incomprendidas llenas a veces de miedos, a que no se sientan solas. Que sepan que yo también lo padezco y no lo oculto, no me avergüenzo. No lucho contra nadie, pero sí contra esas etiquetas o estigmas que a veces tenemos que cargar y tanto coraje me dan a veces.

            Y antes de terminar, quiero manifestar mi enfado a todas aquellas personas que usan la “depresión” para coger bajas falsas, porque a causa de eso las personas que realmente están enfermas es muy complicado que se las reconozca y se las tome en serio. Los falsos se aprovechan de que es más fácil comprender a una persona con la pierna escayolada que a una persona con depresión porque no se ve nada físicamente. Es muy fácil criticar sin saber, al igual que es muy fácil mentir usando esta dolencia. Así que por favor, la depresión merece respeto, no la usemos a nuestro antojo aprovechando que no se ve.
    

            (Texto dedicado a mis chicas luchadoras ,ya sabéis quiénes sois)


Autora: ©Leticia Mestre.
 
 

Fotografía extraída del buscador de google.
 
 
13 DE ENERO
DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA LA DEPRESIÓN


Todos los Derechos Reservados
Este trabajo está protegido por leyes de Copyright y tratados internacionales
Safe Creative

All rights Reserved
This work is pretected by Copyright laws and international treaties.
Safe Creative





 

miércoles, 12 de octubre de 2016

Asoma el otoño (pensamientos)

La lluvia cae, refresca la tierra.
El otoño asoma, eso enamora.
Hojas que caen, viejos pensamientos vuelan.
Cambia el tiempo, cambiamos nosotros.


©Leticia Mestre



Fotografía de coolsty.com/complementos



Todos los Derechos Reservados
Este trabajo está protegido por leyes de Copyright y tratados internacionales
Safe Creative

All rights Reserved
This work is pretected by Copyright laws and international treaties.
Safe Creative

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sueños locos (pensamientos)

Sueño como las hadas,
cada noche y cada mañana.

Sueño como un colibrí,
volando triste o feliz.

Sueño como una princesa,
bailando entre margaritas y rosas frescas.

Sueño como un duende,
saltando por el arcoíris mientras llueve.

Sueño como un esquimal,
sintiendo a veces el frío invernal.

Sueño como un pez,
perdiendo memoria a la vez.

Sueño mientras duermo,
porque así la realidad invento.

Sueño por soñar,
porque me encanta imaginar.

Imagino que sueño
y mañana otro día será.



©Leticia Mestre

Fotografía de talent.paperblog.com




Todos los Derechos Reservados
Este trabajo está protegido por leyes de Copyright y tratados internacionales
Safe Creative

All rights Reserved
This work is pretected by Copyright laws and international treaties.
Safe Creative

  


 

jueves, 30 de junio de 2016

Junto a la brisa marina

No sé qué tiene esta Tierra,
cada vez que marcho
me grita fuerte
para que vuelva a ella.

No sé qué tiene este río
que cuando me alejo
me agarra fuerte de la mano
haciendo que vuelva a su lado.

No sé qué tienen las flores,
cuando llega la primavera
que me embriagan
con tantos olores.

Y este sol
que tanto me alegra
el corazón, la mirada
y el alma entera.

Lo único que sé 
es que soy ayamontina
y sólo estando en mi pueblo
me siento feliz junto a la brisa marina.


©Leticia Mestre



Poema publicado en la Revista de Festejos en Honor a
la Virgen Ntra. Señora de las Angustias (Agosto 2016).



Todos los Derechos Reservados
Este trabajo está protegido por leyes de Copyright y tratados internacionales
Safe Creative

All rights Reserved
This work is pretected by Copyright laws and international treaties.
Safe Creative

sábado, 25 de junio de 2016

Siempre las mismas preguntas (pensamientos)

Y me pregunto...
¿Qué hacer con las putas palabras
que quedan atrapadas en el interior del alma
y no tienen forma de salir?
¿Qué hacer con ellas cuando se agarran al pecho fuertemente?
¿Cómo darles salida de una forma hermosa?
¿Esos sentimientos que no logran salir se pudren?
¿A dónde van?



©Leticia Mestre


Fotografría extraída del buscador de google.


Todos los Derechos Reservados
Este trabajo está protegido por leyes de Copyright y tratados internacionales
Safe Creative

All rights Reserved
This work is pretected by Copyright laws and international treaties.
Safe Creative






viernes, 6 de mayo de 2016

Poetas de Huelva por la paz

El día 5 de mayo de 2016 tuvo lugar en la "Casa Grande" de Ayamonte el encuentro poético de "Poetas de Huelva por la paz". Las intervenciones poéticas fueron emotivas y Francisco Javier Vera amenizó el evento dándole un toque musical lleno de sentimiento.
Tuve el honor de participar en este precioso homenaje a la paz junto a los Poetas del Guadiana y a todos los que vinieron de la provincia y alrededores. 
Os dejo el poema que leí:


COGIDOS DE LA MANO

Deberíamos seguir amando
la felicidad de los sueños
y los derechos de la libertad,
jugar sin miedos
de no volver a despertar.
Poder volar libres
y sin fronteras que cruzar.

Propongo usar nuestras manos
para trabajar,
siempre unidos como hermanos.
Así haríamos una muralla,
seríamos irrompibles
y ganaríamos la batalla.

Sueño con tener un mundo mejor,
nada es imposible,
solo hay que creer en nosotros mismos
porque solo así seremos invencibles.




©Leticia Mestre






(Fotografía de Clemen Esteban)



(Fotografía de José Luis Rúa)





                                  Copia y pega este enlace en la barra de búsqueda para ver la noticia:

http://huelvaya.es/2016/05/06/poemas-de-poetas-por-la-paz-en-ayamonte/

Copia y pega este enlace para ver el video en youtube:

https://www.youtube.com/watch?v=opypLh5k4Ds




All Rights Reserved.
This work is protected by copyright laws and international treaties.
Safe Creative 

lunes, 28 de marzo de 2016

Artículo: "El cliente no siempre tiene la razón"



Soy camarera y dedico estas líneas a los clientes que atiendo cada día y a los que he atendido a lo largo de mi carrera profesional.
Ahora tengo 28 años, y desde los 16, me dedico a la hostelería y para ello dediqué 2 años de mi vida a formarme en una escuela de hostelería, no para perder el tiempo o tener un diploma colgado en la pared, si no para ser una profesional y marcar la diferencia. También trabajé en hoteles de 4 y 5 estrellas y buenos restaurantes para curtir mi experiencia profesional.
Muchos podrán aprender a tomar nota de una comanda, coger una bandeja, poner un mantel o servir una cerveza, pero afirmo que no todos son camareros.
El cliente ha de saber que no está pagando el mismo servicio que le dan en el chiringuito “Tío Castañas” que en un hotel/restaurante/bar con estrellas, tenedores o cierta categoría, donde te sirven por la derecha, donde descorchan con delicadeza la botella de vino frente al cliente con un lito en el brazo, cuidando que el corcho no se rompa y decantándole el vino, se flambea frente al cliente, donde la raya del mantel siempre mira hacia la puerta y está perfectamente estirado y se coloca el salero y pimentero a la izquierda del adorno floral. Donde el camarero deja de ser un simple transportador de platos y pasa a ser una persona que baila con cada movimiento al servirte en la mesa. Éste te recibe con una sonrisa vocacional y te hace sentir como en casa. Es el que cuida los detalles desde que el cliente pone un pie en el restaurante hasta que se va.
Es la persona encargada de presentarte los exquisitos platos salidos de cocina, que con tanto cariño y esmero hacen los cocineros, te explica y te asesora sobre lo que estás comiendo e incluso posee conocimientos sobre lo que bebes y puede aconsejarte sobre el maridaje.
Al camarero siempre lo verás bien peinado, afeitado y si es mujer, con el pelo bien recogido y suave maquillaje. Es quien lleva el calzado y la ropa adecuada y guarda pulcritud en su trabajo. Brillan por su trabajo y no por llamar la atención a nivel personal. Te habla de usted, es discreto y amable.
El camarero dedica 40h semanales (incluso más) de su vida, invierte sus festivos, épocas vacacionales y a su familia, todo para servirte y que seas tú, cliente, el que tenga un buen día y te vayas con una buena experiencia gastronómica.
El camarero también tiene días malos, tristes, le duele la cabeza o siente desgana, pero afronta el día de trabajo para que tú disfrutes de lo que estás pagando sin que notes sus problemas. A él también le afecta el estrés y se aguanta, lo hace como buenamente puede para que todo salga lo mejor posible y tú disfrutes.
Así que cuando seas cliente, piensa que el camarero es también una persona como tú que ha decidido dedicar su vida a que seas feliz con lo que pagas mientras comes o bebes, que no es un criado ni un simple transportador de platos y si un día lo ves de trabajo hasta arriba ¡sonríele!, verás que su expresión cambia y seguro serás lo positivo que recuerde de ese día agotador cuando acabe su jornada laboral. Sé amable y siente empatía, porque es también un trabajador como tú.
Por eso no comprendo por qué cuando el cliente sale de casa se vuelve arrogante, exigente y a veces mal educado. Quita los cubiertos de la mesa de al lado ¡cuando se lo puede pedir al camarero que le atiende! ¿Es que no se dan cuenta que esa mesa está preparada para otro cliente que puede llegar minutos después que haya quitado los cubiertos?  Hacen que tengamos que hacer el mismo trabajo dos veces. Al igual que pedir las bebidas una de cada vez haciéndote dar mil vueltas y tardar un cuarto de hora cuando tienes el restaurante hasta arriba de gente, ¡con lo fácil que es pedirlo todo junto! O cuando amontonan los platos haciendo una gran Torre de Pisa, plato sobre plato con cubiertos y todo, con lo fácil que sería llamar al camarero para que se los retire en el caso que estuviera ocupado haciendo otras cosas.
Tampoco comprendo por qué cuando se va a un banco, al médico, al ayuntamiento, etc. y esperan largas colas no ponen hojas de reclamaciones por la espera, ni ponen las caras coloradas a los empleados ¿Por qué en la hostelería 10 minutos se convierten en una larga espera? ¿Por qué nos merecemos esa incomprensión cuando tenemos el restaurante/bar a tope?
Otra cosa que no comprenderé es el poder de atracción que ejercen las mesas sucias sobre los clientes. Puedes tener 5 mesas perfectamente montadas para el servicio ¡y justo van a sentarse en la mesa que está sucia! ¿Por qué? ¿Por queeeé?
Con esto que escribo no quiero dar a entender que ser camarero sea el peor trabajo del mundo o que a mí no me guste, pero hay veces que el cliente no sabe ser cliente y por eso no siempre lleva la razón.


© Leticia Mestre





Foto extraída de www.expressfrancais.com




Todos los Derechos Reservados
Este trabajo está protegido por leyes de Copyright y tratados internacionales
Safe Creative

All rights Reserved
This work is pretected by Copyright laws and international treaties.
Safe Creative